Qué revisar antes de comprar una casa o departamento usado

¿Qué revisar antes de comprar una casa usada?
Una visita a una casa en venta dura veinte o treinta minutos, y casi siempre se ocupa mirando la distribución, la luz y el tamaño de los espacios. Con una lista corta en la cabeza, esa misma visita entrega bastante más información.
Conviene decir de entrada lo que esto no es. Nada de lo que sigue reemplaza una revisión técnica independiente. El objetivo es distinto: saber qué mirar para decidir si vale la pena pedir una.
Tres focos concentran casi todo lo que se puede detectar a simple vista: humedad, instalaciones y señales de reparaciones recientes.
Hay además una razón legal para revisar que suele pasarse por alto. La ley protege al comprador frente a los defectos que no podía conocer, pero no frente a los que estaban a la vista y no revisó.
Dicho de otro modo: mirar bien no es desconfiar del vendedor, es lo que conserva el derecho a reclamar después.
Y hay un momento del proceso que importa más que los demás. La instancia para condicionar la compra al resultado de una revisión técnica es la promesa, no la escritura.
¿Qué revisar en la visita?
Antes del detalle, cuatro condiciones que cambian por completo lo que se alcanza a ver.
Ir de día. La luz natural entrando de costado revela ondulaciones del muro, diferencias de tono y manchas que la luz del techo aplana y esconde.
Mirar los rincones tapados
Donde hay un mueble grande, un cuadro o una cortina, suele estar justamente lo que interesa ver. Pedir correr algo es una petición razonable.
Si se puede, visitar después de un día de lluvia. Es la mejor prueba gratuita que existe: las filtraciones se manifiestan solas.
Abrir y cerrar todo lo que abre y cierra, y fotografiar con el teléfono cualquier cosa que llame la atención. Esas fotos sirven después para comparar y para preguntar.
Humedad
Es la patología más frecuente del parque de viviendas chileno y la que más deteriora una casa con el tiempo. Estas son las señales visibles.
- ✓ Manchas oscuras en los vértices superiores de los recintos, en el encuentro entre muro y cielo, y justo sobre las ventanas.
- ✓ Polvo blanco o costra salina en la parte baja de los muros, cerca del piso, a veces con el estuco disgregado.
- ✓ Pintura abombada, con ampollas o descascarada, que se levanta de la superficie.
- ✓ Piso de madera o flotante alabeado, arqueado hacia arriba o con las juntas abiertas.
- ✓ Olor a encierro que no se va al ventilar, especialmente en clósets y recintos interiores sin ventana.
Qué significa cada una, en simple.
Las manchas en los vértices y sobre las ventanas aparecen donde el muro se enfría más que el resto, porque la aislación se interrumpe en ese punto. El vapor del aire se condensa ahí y termina apareciendo el hongo. No es suciedad acumulada: es un problema de la envolvente de la vivienda.
El polvo blanco en la parte baja de los muros es agua que sube desde el suelo a través del material, arrastrando las sales del mortero y depositándolas al evaporarse. Suele indicar que falta impermeabilización bajo el muro.
La pintura abombada revela humedad empujando desde adentro hacia afuera. Puede venir de una filtración exterior o de humedad atrapada dentro del muro, y en ambos casos el problema está detrás de lo que se ve.
Y el piso alabeado apunta hacia abajo: la madera absorbió humedad del radier, algo que ocurre cuando falta la lámina que debería separar el pavimento del suelo.
Todas estas son señales superficiales de algo que sucede dentro del elemento. Se ven sin instrumentos, pero no se diagnostican sin ellos, y el detalle de cómo se determina el origen está en el diagnóstico de humedad en viviendas.

Instalaciones
Aquí hay revisiones que toman menos de un minuto y dicen mucho sobre la antigüedad real de la vivienda.
- ✓ El tablero eléctrico: que tenga un interruptor general y protecciones con botón de prueba, no tapones fusibles antiguos de loza.
- ✓ Los enchufes: que sean de tres orificios y no de dos.
- ✓ Cables a la vista grapados al muro, o uniones envueltas en cinta aislante fuera de una caja.
- ✓ El sello de certificación de gas, en edificios y condominios: verde, amarillo o rojo.
- ✓ Artefactos a gas en lugares prohibidos, como un calefón o una estufa dentro de un baño o un dormitorio.
- ✓ Agua y desagües: abrir todas las llaves, y llenar el lavamanos y soltarlo de golpe.
El tablero es lo más revelador y toma treinta segundos
Debe tener un interruptor capaz de cortar todo de una vez y protecciones diferenciales con su botón de prueba, que son las que protegen a las personas de una descarga.
Si en cambio hay tapones fusibles de loza o solo interruptores antiguos, la instalación pertenece a otra época y normalizarla es una inversión relevante.
Los enchufes de dos orificios
significan que no llega el conductor de protección, que es el que deriva a tierra una falla. El estándar actual son tres orificios, y encontrar dos en toda la casa dice bastante.
Los cables a la vista y las uniones con cinta
fuera de una caja de derivación delatan ampliaciones eléctricas hechas al margen. No solo son un riesgo: pueden complicar un seguro y su normalización tiene costo.
Sobre el gas hay un dato concreto y muy útil. En edificios y condominios la inspección de las instalaciones es obligatoria cada dos años, la hace una entidad certificadora externa y el resultado queda a la vista en un sello.
Verde significa aprobado. Amarillo significa que no hay defectos con riesgo inmediato pero sí otros que deben corregirse en un plazo. Rojo significa que la instalación fue rechazada y el suministro debe desconectarse. Preguntar por el sello es una consulta legítima y rápida.
Hay además dos situaciones que son causal de rechazo y se detectan a simple vista. Un calefón o una estufa que toma el aire del propio recinto no puede estar instalado en un baño, una ducha o un dormitorio.
Y una logia cerrada con vidrio deja de ser un espacio exterior seguro si no conserva una superficie de ventilación permanente que no se pueda tapar. Es una modificación que muchos propietarios hacen sin saber lo que implica.

Señales de reparaciones recientes
Este grupo requiere una advertencia previa, porque es donde más fácil se cae en la interpretación equivocada.
- ✓ Pintura fresca en un solo sector, o un muro repintado mientras los demás no.
- ✓ Un mueble o un cuadro tapando justo una esquina o un tramo bajo de muro.
- ✓ Cielo o cornisa recién reparado en un único punto, con textura distinta al resto.
- ✓ Revestimiento o palmetas nuevas solo en una franja del piso o del muro.
- ✓ Diferencia de tono o textura en el estuco exterior siguiendo una línea definida.
Ninguna de estas señales prueba nada por sí sola. Una casa se pinta antes de venderse, y eso es normal, esperable y no tiene nada de sospechoso.
Lo que llama la atención no es la pintura fresca, sino la pintura fresca en un solo lugar. Ahí la pregunta natural es simplemente qué había antes.
Y conviene ser preciso en algo que suele afirmarse con demasiada seguridad: no existe ninguna norma chilena que establezca qué señales visuales demuestran que una reparación se hizo para ocultar un defecto.
Diferencias de brillo, de textura o de espesor no acreditan intención de nadie. Sin instrumentos —termografía, medición de humedad— esa imputación no tiene respaldo técnico y queda en apreciación personal.
Por eso el valor real de estas señales es otro, y es bastante más útil: no sirven para acusar, sirven para saber dónde mirar con más atención y para decidir si conviene pedir una revisión.
La herramienta más simple es preguntar
Qué se reparó, cuándo y por qué. La respuesta importa, y si queda por escrito en un correo o un mensaje, importa todavía más adelante.
¿Cuándo conviene pedir una revisión técnica antes de firmar?
La visita entrega indicios, no conclusiones. Lo que sigue es decidir qué hacer con ellos.
Las señales de la visita no son un veredicto: son el momento de pedir una segunda mirada. Ninguna de ellas prueba por sí sola que exista un problema, y ninguna de ellas se puede descartar solo mirando.
Cuándo se justifica. No en toda compra, pero sí cuando concurren algunas de estas situaciones.
- Varias señales del mismo grupo, o humedad presente en más de un recinto.
- Tablero antiguo o ampliaciones eléctricas visibles, sobre todo si la vivienda tiene varias décadas.
- Ampliaciones construidas: un segundo piso, una logia cerrada, un quincho, una terraza techada.
- Un baño o una terraza sobre un recinto habitable, que es el escenario clásico de la filtración que aparece un invierno después.
- Cuando el monto de la compra es alto en relación con lo que cuesta revisar, que es prácticamente siempre.
Y ahora el punto que decide todo: cuándo. La respuesta es antes de firmar la promesa, o dentro de ella como condición expresa. No en la escritura.
La razón es la naturaleza de cada documento. La promesa de compraventa permite subordinar la firma de la escritura definitiva al resultado de la revisión técnica: si el informe arroja problemas graves, esa condición no se cumple y el comprador queda liberado de la obligación de comprar.
Si la promesa ya se firmó sin esa condición y los problemas aparecen después, la situación se invierte. Negarse a firmar la escritura expone al comprador a que le exijan cumplir o le cobren la multa que él mismo aceptó.
Y si la revisión se hace después de la escritura, el asunto cambia de naturaleza por completo: ya no es una condición contractual sino un reclamo por vicio oculto, con plazos breves, carga de prueba encima y un juicio por delante. Ese escenario está desarrollado en vicio oculto en una vivienda usada: qué es y cómo se reclama.
Lo más simple de todo: si la revisión se hace antes de firmar cualquier documento, basta con retirarse de la negociación. Sin condiciones, sin multas y sin discusión.
¿Qué debería cubrir la revisión?
El Estado tiene un estándar propio para evaluar viviendas usadas cuando participa con subsidios, y sirve perfectamente como referencia de qué mirar.
Ese estándar revisa las condiciones del terreno, los elementos estructurales —fundaciones, muros soportantes, entrepisos y techumbre—, las instalaciones de agua, alcantarillado, gas y electricidad, y por último la humedad, las plagas y las terminaciones.
El criterio con el que se aprueba una vivienda bajo ese estándar es concreto y vale la pena tenerlo en mente: que la edificación pueda seguir prestando servicio al menos veinte años más.
La parte documental, que casi nadie pide. Una revisión completa contrasta los planos aprobados en la municipalidad con lo que efectivamente está construido.
Es frecuente encontrar ampliaciones sin recepción municipal: pisos adicionales, logias cerradas, quinchos, terrazas. Comprar así traslada al nuevo propietario la responsabilidad frente al municipio, incluidas las multas y la eventual orden de demolición.
Hay además una consecuencia financiera inmediata: el tasador del banco no considera los metros irregulares, lo que baja el valor de la garantía y en muchos casos termina con el crédito rechazado.
Detectado a tiempo, eso se resuelve: en la promesa se puede exigir que el vendedor regularice antes de la escritura, con plazo y a su costo.
Si es un departamento, hay dos revisiones extra
Que el vendedor esté al día en sus gastos comunes, algo que debe declarar en la escritura, y el estado de las certificaciones de los bienes comunes: gas, ascensores y sistemas de evacuación.
Una certificación vencida en el edificio no es un problema del vendedor: se transforma en cuotas extraordinarias que va a pagar quien compre.
Dos precisiones honestas sobre el mercado
No existe un tarifario oficial ni un registro obligatorio para los servicios privados de inspección técnica: cada proveedor fija su precio libremente, así que los valores que circulan son referenciales.
Tampoco existe un plazo legal estándar para la promesa. Los treinta a noventa días que suelen citarse como regla son costumbre comercial, no norma: el plazo es el que las partes acuerden.
Lo que sí conviene exigir es que quien haga la revisión sea independiente del vendedor y del corredor. Ambos tienen un interés legítimo en que la operación se cierre, y ese interés no se lleva bien con la función de advertir.
Cuando la compra tiene un fin de inversión o reventa, la revisión previa sigue la misma lógica pero con otros énfasis, desarrollados en la inspección técnica en un proceso de due diligence.




