Qué revisar antes de comprar una casa o departamento usado

Por Antonio Recabarren · Actualizado el 3 de septiembre de 2026

Qué revisar antes de comprar una casa usada: la luz rasante de la tarde revela las irregularidades del muro de un recinto vacío.

¿Qué revisar antes de comprar una casa usada?

Una visita a una casa en venta dura veinte o treinta minutos, y casi siempre se ocupa mirando la dis­tri­bu­ción, la luz y el tamaño de los es­pa­cios. Con una lista corta en la cabeza, esa misma visita entrega bas­tan­te más in­for­ma­ción.

Con­vie­ne decir de entrada lo que esto no es. Nada de lo que sigue re­em­pla­za una re­vi­sión técnica in­de­pen­dien­te. El ob­je­ti­vo es dis­tin­to: saber qué mirar para decidir si vale la pena pedir una.

Tres focos con­cen­tran casi todo lo que se puede de­tec­tar a simple vista: humedad, ins­ta­la­cio­nes y señales de re­pa­ra­cio­nes re­cien­tes.

Hay además una razón legal para revisar que suele pasarse por alto. La ley protege al com­pra­dor frente a los de­fec­tos que no podía conocer, pero no frente a los que estaban a la vista y no revisó.

Dicho de otro modo: mirar bien no es des­con­fiar del ven­de­dor, es lo que con­ser­va el derecho a re­cla­mar después.

Y hay un momento del proceso que importa más que los demás. La ins­tan­cia para con­di­cio­nar la compra al re­sul­ta­do de una re­vi­sión técnica es la promesa, no la es­cri­tu­ra.

¿Qué revisar en la visita?

Antes del detalle, cuatro con­di­cio­nes que cambian por com­ple­to lo que se alcanza a ver.

Ir de día. La luz natural en­tran­do de costado revela on­du­la­cio­nes del muro, di­fe­ren­cias de tono y manchas que la luz del techo aplana y esconde.

Mirar los rincones tapados

Donde hay un mueble grande, un cuadro o una cortina, suele estar jus­ta­men­te lo que in­tere­sa ver. Pedir correr algo es una pe­ti­ción ra­zo­na­ble.

Si se puede, visitar después de un día de lluvia. Es la mejor prueba gra­tui­ta que existe: las fil­tra­cio­nes se ma­ni­fies­tan solas.

Abrir y cerrar todo lo que abre y cierra, y fo­to­gra­fiar con el te­lé­fono cual­quier cosa que llame la aten­ción. Esas fotos sirven después para com­pa­rar y para pre­gun­tar.

Humedad

Es la pa­to­lo­gía más fre­cuen­te del parque de vi­vien­das chileno y la que más de­te­rio­ra una casa con el tiempo. Estas son las señales vi­si­bles.

  • Manchas oscuras en los vér­ti­ces su­pe­rio­res de los re­cin­tos, en el en­cuen­tro entre muro y cielo, y justo sobre las ven­ta­nas.
  • Polvo blanco o costra salina en la parte baja de los muros, cerca del piso, a veces con el estuco dis­gre­ga­do.
  • Pintura abom­ba­da, con am­po­llas o des­cas­ca­ra­da, que se levanta de la su­per­fi­cie.
  • Piso de madera o flo­tan­te ala­bea­do, ar­quea­do hacia arriba o con las juntas abier­tas.
  • Olor a en­cie­rro que no se va al ven­ti­lar, es­pe­cial­men­te en clósets y re­cin­tos in­te­rio­res sin ventana.

Qué sig­ni­fi­ca cada una, en simple.

Las manchas en los vér­ti­ces y sobre las ven­ta­nas apa­re­cen donde el muro se enfría más que el resto, porque la ais­la­ción se in­te­rrum­pe en ese punto. El vapor del aire se con­den­sa ahí y termina apa­re­cien­do el hongo. No es su­cie­dad acu­mu­la­da: es un pro­ble­ma de la en­vol­ven­te de la vi­vien­da.

El polvo blanco en la parte baja de los muros es agua que sube desde el suelo a través del ma­te­rial, arras­tran­do las sales del mortero y de­po­si­tán­do­las al eva­po­rar­se. Suele indicar que falta im­per­mea­bi­li­za­ción bajo el muro.

La pintura abom­ba­da revela humedad em­pu­jan­do desde adentro hacia afuera. Puede venir de una fil­tra­ción ex­te­rior o de humedad atra­pa­da dentro del muro, y en ambos casos el pro­ble­ma está detrás de lo que se ve.

Y el piso ala­bea­do apunta hacia abajo: la madera ab­sor­bió humedad del radier, algo que ocurre cuando falta la lámina que debería separar el pa­vi­men­to del suelo.

Todas estas son señales su­per­fi­cia­les de algo que sucede dentro del ele­men­to. Se ven sin ins­tru­men­tos, pero no se diag­nos­ti­can sin ellos, y el detalle de cómo se de­ter­mi­na el origen está en el diag­nós­ti­co de humedad en vi­vien­das.

Qué revisar antes de comprar una casa usada: eflorescencia salina y estuco disgregado en la parte baja de un muro exterior.
El salitre en la parte baja del muro indica agua que sube desde el terreno.

Instalaciones

Aquí hay re­vi­sio­nes que toman menos de un minuto y dicen mucho sobre la an­ti­güe­dad real de la vi­vien­da.

  • El tablero eléc­tri­co: que tenga un in­te­rrup­tor general y pro­tec­cio­nes con botón de prueba, no tapones fu­si­bles an­ti­guos de loza.
  • Los en­chu­fes: que sean de tres ori­fi­cios y no de dos.
  • Cables a la vista gra­pa­dos al muro, o uniones en­vuel­tas en cinta ais­lan­te fuera de una caja.
  • El sello de cer­ti­fi­ca­ción de gas, en edi­fi­cios y con­do­mi­nios: verde, ama­ri­llo o rojo.
  • Ar­te­fac­tos a gas en lugares prohi­bi­dos, como un calefón o una estufa dentro de un baño o un dor­mi­to­rio.
  • Agua y des­agües: abrir todas las llaves, y llenar el la­va­ma­nos y sol­tar­lo de golpe.

El tablero es lo más revelador y toma treinta segundos

Debe tener un in­te­rrup­tor capaz de cortar todo de una vez y pro­tec­cio­nes di­fe­ren­cia­les con su botón de prueba, que son las que pro­te­gen a las per­so­nas de una des­car­ga.

Si en cambio hay tapones fu­si­bles de loza o solo in­te­rrup­to­res an­ti­guos, la ins­ta­la­ción per­te­ne­ce a otra época y nor­ma­li­zar­la es una in­ver­sión re­le­van­te.

Los enchufes de dos orificios

sig­ni­fi­can que no llega el con­duc­tor de pro­tec­ción, que es el que deriva a tierra una falla. El es­tán­dar actual son tres ori­fi­cios, y en­con­trar dos en toda la casa dice bas­tan­te.

Los cables a la vista y las uniones con cinta

fuera de una caja de de­ri­va­ción delatan am­plia­cio­nes eléc­tri­cas hechas al margen. No solo son un riesgo: pueden com­pli­car un seguro y su nor­ma­li­za­ción tiene costo.

Sobre el gas hay un dato con­cre­to y muy útil. En edi­fi­cios y con­do­mi­nios la ins­pec­ción de las ins­ta­la­cio­nes es obli­ga­to­ria cada dos años, la hace una entidad cer­ti­fi­ca­do­ra externa y el re­sul­ta­do queda a la vista en un sello.

Verde sig­ni­fi­ca apro­ba­do. Ama­ri­llo sig­ni­fi­ca que no hay de­fec­tos con riesgo in­me­dia­to pero sí otros que deben co­rre­gir­se en un plazo. Rojo sig­ni­fi­ca que la ins­ta­la­ción fue re­cha­za­da y el su­mi­nis­tro debe des­co­nec­tar­se. Pre­gun­tar por el sello es una con­sul­ta le­gí­ti­ma y rápida.

Hay además dos si­tua­cio­nes que son causal de rechazo y se de­tec­tan a simple vista. Un calefón o una estufa que toma el aire del propio recinto no puede estar ins­ta­la­do en un baño, una ducha o un dor­mi­to­rio.

Y una logia cerrada con vidrio deja de ser un espacio ex­te­rior seguro si no con­ser­va una su­per­fi­cie de ven­ti­la­ción per­ma­nen­te que no se pueda tapar. Es una mo­di­fi­ca­ción que muchos pro­pie­ta­rios hacen sin saber lo que implica.

Qué revisar antes de comprar una casa usada: enchufe antiguo de dos orificios junto a uno moderno de tres en el mismo paño de muro.
Dos generaciones de enchufe en el mismo paño indican una intervención parcial.

Señales de reparaciones recientes

Este grupo re­quie­re una ad­ver­ten­cia previa, porque es donde más fácil se cae en la in­ter­pre­ta­ción equi­vo­ca­da.

  • Pintura fresca en un solo sector, o un muro re­pin­ta­do mien­tras los demás no.
  • Un mueble o un cuadro tapando justo una esquina o un tramo bajo de muro.
  • Cielo o cornisa recién re­pa­ra­do en un único punto, con textura dis­tin­ta al resto.
  • Re­ves­ti­mien­to o pal­me­tas nuevas solo en una franja del piso o del muro.
  • Di­fe­ren­cia de tono o textura en el estuco ex­te­rior si­guien­do una línea de­fi­ni­da.

Ninguna de estas señales prueba nada por sí sola. Una casa se pinta antes de ven­der­se, y eso es normal, es­pe­ra­ble y no tiene nada de sos­pe­cho­so.

Lo que llama la aten­ción no es la pintura fresca, sino la pintura fresca en un solo lugar. Ahí la pre­gun­ta natural es sim­ple­men­te qué había antes.

Y con­vie­ne ser preciso en algo que suele afir­mar­se con de­ma­sia­da se­gu­ri­dad: no existe ninguna norma chilena que es­ta­blez­ca qué señales vi­sua­les de­mues­tran que una re­pa­ra­ción se hizo para ocultar un defecto.

Di­fe­ren­cias de brillo, de textura o de espesor no acre­di­tan in­ten­ción de nadie. Sin ins­tru­men­tos —ter­mo­gra­fía, me­di­ción de humedad— esa impu­tación no tiene res­pal­do técnico y queda en apre­cia­ción per­so­nal.

Por eso el valor real de estas señales es otro, y es bas­tan­te más útil: no sirven para acusar, sirven para saber dónde mirar con más aten­ción y para decidir si con­vie­ne pedir una re­vi­sión.

La herramienta más simple es preguntar

Qué se reparó, cuándo y por qué. La res­pues­ta importa, y si queda por escrito en un correo o un mensaje, importa todavía más ade­lan­te.

¿Cuándo conviene pedir una revisión técnica antes de firmar?

La visita entrega in­di­cios, no con­clu­sio­nes. Lo que sigue es decidir qué hacer con ellos.

Las señales de la visita no son un ve­re­dic­to: son el momento de pedir una segunda mirada. Ninguna de ellas prueba por sí sola que exista un pro­ble­ma, y ninguna de ellas se puede des­car­tar solo mirando.

Cuándo se jus­ti­fi­ca. No en toda compra, pero sí cuando con­cu­rren algunas de estas si­tua­cio­nes.

  • Varias señales del mismo grupo, o humedad pre­sen­te en más de un recinto.
  • Tablero antiguo o am­plia­cio­nes eléc­tri­cas vi­si­bles, sobre todo si la vi­vien­da tiene varias décadas.
  • Am­plia­cio­nes cons­trui­das: un segundo piso, una logia cerrada, un quincho, una terraza techada.
  • Un baño o una terraza sobre un recinto ha­bi­ta­ble, que es el es­ce­na­rio clásico de la fil­tra­ción que aparece un in­vierno después.
  • Cuando el monto de la compra es alto en re­la­ción con lo que cuesta revisar, que es prác­ti­ca­men­te siempre.

Y ahora el punto que decide todo: cuándo. La res­pues­ta es antes de firmar la promesa, o dentro de ella como con­di­ción expresa. No en la es­cri­tu­ra.

La razón es la na­tu­ra­le­za de cada do­cu­men­to. La promesa de com­pra­ven­ta permite su­bor­di­nar la firma de la es­cri­tu­ra de­fi­ni­ti­va al re­sul­ta­do de la re­vi­sión técnica: si el informe arroja pro­ble­mas graves, esa con­di­ción no se cumple y el com­pra­dor queda li­be­ra­do de la obli­ga­ción de comprar.

Si la promesa ya se firmó sin esa con­di­ción y los pro­ble­mas apa­re­cen después, la si­tua­ción se in­vier­te. Negarse a firmar la es­cri­tu­ra expone al com­pra­dor a que le exijan cumplir o le cobren la multa que él mismo aceptó.

Y si la re­vi­sión se hace después de la es­cri­tu­ra, el asunto cambia de na­tu­ra­le­za por com­ple­to: ya no es una con­di­ción con­trac­tual sino un reclamo por vicio oculto, con plazos breves, carga de prueba encima y un juicio por delante. Ese es­ce­na­rio está de­sa­rro­lla­do en vicio oculto en una vi­vien­da usada: qué es y cómo se reclama.

Lo más simple de todo: si la re­vi­sión se hace antes de firmar cual­quier do­cu­men­to, basta con re­ti­rar­se de la ne­go­cia­ción. Sin con­di­cio­nes, sin multas y sin dis­cu­sión.

¿Qué debería cubrir la revisión?

El Estado tiene un es­tán­dar propio para evaluar vi­vien­das usadas cuando par­ti­ci­pa con sub­si­dios, y sirve per­fec­ta­men­te como re­fe­ren­cia de qué mirar.

Ese es­tán­dar revisa las con­di­cio­nes del terreno, los ele­men­tos es­truc­tu­ra­les —fun­da­cio­nes, muros so­por­tan­tes, en­tre­pi­sos y te­chum­bre—, las ins­ta­la­cio­nes de agua, al­can­ta­ri­lla­do, gas y elec­tri­ci­dad, y por último la humedad, las plagas y las ter­mi­na­cio­nes.

El cri­te­rio con el que se aprueba una vi­vien­da bajo ese es­tán­dar es con­cre­to y vale la pena tenerlo en mente: que la edi­fi­ca­ción pueda seguir pres­tan­do ser­vi­cio al menos veinte años más.

La parte do­cu­men­tal, que casi nadie pide. Una re­vi­sión com­ple­ta con­tras­ta los planos apro­ba­dos en la mu­ni­ci­pa­li­dad con lo que efec­ti­va­men­te está cons­trui­do.

Es fre­cuen­te en­con­trar am­plia­cio­nes sin re­cep­ción mu­ni­ci­pal: pisos adi­cio­na­les, logias ce­rra­das, quin­chos, te­rra­zas. Comprar así tras­la­da al nuevo pro­pie­ta­rio la res­pon­sa­bi­li­dad frente al mu­ni­ci­pio, in­clui­das las multas y la even­tual orden de de­mo­li­ción.

Hay además una con­se­cuen­cia fi­nan­cie­ra in­me­dia­ta: el tasador del banco no con­si­de­ra los metros irre­gu­la­res, lo que baja el valor de la ga­ran­tía y en muchos casos termina con el crédito re­cha­za­do.

De­tec­ta­do a tiempo, eso se re­suel­ve: en la promesa se puede exigir que el ven­de­dor re­gu­la­ri­ce antes de la es­cri­tu­ra, con plazo y a su costo.

Si es un departamento, hay dos revisiones extra

Que el ven­de­dor esté al día en sus gastos comunes, algo que debe de­cla­rar en la es­cri­tu­ra, y el estado de las cer­ti­fi­ca­cio­nes de los bienes comunes: gas, as­cen­so­res y sis­te­mas de eva­cua­ción.

Una cer­ti­fi­ca­ción vencida en el edi­fi­cio no es un pro­ble­ma del ven­de­dor: se trans­for­ma en cuotas ex­tra­or­di­na­rias que va a pagar quien compre.

Dos precisiones honestas sobre el mercado

No existe un ta­ri­fa­rio oficial ni un re­gis­tro obli­ga­to­rio para los ser­vi­cios pri­va­dos de ins­pec­ción técnica: cada pro­vee­dor fija su precio li­bre­men­te, así que los valores que cir­cu­lan son re­fe­ren­cia­les.

Tampoco existe un plazo legal es­tán­dar para la promesa. Los treinta a noventa días que suelen citarse como regla son cos­tum­bre co­mer­cial, no norma: el plazo es el que las partes acuer­den.

Lo que sí con­vie­ne exigir es que quien haga la re­vi­sión sea in­de­pen­dien­te del ven­de­dor y del co­rre­dor. Ambos tienen un interés le­gí­ti­mo en que la ope­ra­ción se cierre, y ese interés no se lleva bien con la función de ad­ver­tir.

Cuando la compra tiene un fin de in­ver­sión o reventa, la re­vi­sión previa sigue la misma lógica pero con otros énfasis, de­sa­rro­lla­dos en la ins­pec­ción técnica en un proceso de due di­li­gen­ce.

Qué revisar antes de comprar una casa usada: paño de muro con un rectángulo de pintura más fresca y de brillo distinto al resto.
Un rectángulo repintado casi nunca es estético: suele tapar algo reciente.

Antonio Recabarren

Constructor Civil, Pontificia Universidad Católica de Chile.

20 años de experiencia.

Perito judicial, Cortes de Apelaciones de Santiago, Valparaíso y La Serena.

antonio@criteriotecnico.cl

Fuentes

In­for­ma­ción nor­ma­ti­va ve­ri­fi­ca­da el 31 de agosto de 2026 en las si­guien­tes fuentes ofi­cia­les:

Sobre las re­fe­ren­cias a cri­te­rios de tri­bu­na­les. Este ar­tícu­lo des­cri­be dis­cu­sio­nes plan­tea­das ante los tri­bu­na­les, sin atri­buir cri­te­rios a una sen­ten­cia de­ter­mi­na­da.

Ninguna afir­ma­ción sobre lo re­suel­to por un tri­bu­nal es­pe­cí­fi­co se sos­tie­ne sin iden­ti­fi­car el fallo por su rol, año y tri­bu­nal, y esa iden­ti­fi­ca­ción excede el alcance de una opinión técnica cons­truc­ti­va.

Este artículo es información general, no una opinión técnica sobre un inmueble concreto.

Si lo que tienes es una situación específica y necesitas saber qué está pasando, de quién es la responsabilidad y qué corresponde hacer, eso se resuelve en terreno.

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Preguntas frecuentes

¿Quién revisa una casa antes de comprar?

Un Constructor Civil independiente, que revisa y no vende la reparación de lo que encuentre. Es una distinción que importa: quien cotiza el arreglo tiene un interés en el resultado de la revisión.

¿Qué defectos no se ven al comprar una casa?

Los que están tapados por terminaciones recientes y los que solo se manifiestan con lluvia o con uso. Una pintura nueva en un solo paño, un piso flotante recién puesto en un sector o un cielo repintado son señales de reparaciones recientes que conviene mirar con más atención, no menos.

¿Vale la pena revisar una casa antes de comprarla?

La visita de venta dura veinte o treinta minutos y se ocupa casi entera en mirar distribución, luz y tamaño. Con una lista corta en la cabeza esa misma visita entrega bastante más información, y lo que no se ve ahí es lo que después se discute con el vendedor.

¿Qué debo revisar antes de comprar una vivienda usada?

Tres grupos de señales, y todas se ven sin instrumentos: humedad —manchas en vértices y sobre ventanas, polvo blanco en la parte baja de los muros, pintura abombada, pisos alabeados—, instalaciones —tablero eléctrico, enchufes de tres orificios, sello de gas, presión de agua y desagües— y señales de reparaciones recientes hechas en un solo sector. Conviene además pedir los planos municipales y compararlos con lo construido, porque las ampliaciones sin recepción tienen consecuencias que se descubren tarde.

¿Conviene pedir una revisión técnica antes de firmar?

Cuando aparecen varias señales, cuando hay ampliaciones, cuando el inmueble tiene años o cuando el monto es alto respecto de lo que cuesta revisar, sí. Y el momento es determinante: antes de la promesa, o dentro de ella como condición expresa para firmar la escritura. Hecha en ese momento, un resultado desfavorable libera al comprador; hecha después de la escritura, el mismo hallazgo se convierte en un reclamo por vicio oculto, con plazos cortos y la carga de la prueba encima.

¿Qué señales indican que puede haber un problema oculto?

Las más elocuentes son la humedad en más de un recinto, el polvo blanco en la base de los muros, la pintura levantada, un tablero eléctrico antiguo, cables a la vista con uniones improvisadas y un sello de gas amarillo o rojo en el edificio. Ninguna de ellas confirma un problema por sí sola: lo que indican es dónde conviene mirar con instrumentos antes de decidir.

¿La pintura fresca significa que están ocultando algo?

No necesariamente, y conviene no partir de esa suposición: pintar antes de vender es una práctica normal. Lo que sí merece atención es la pintura fresca aplicada solo en un sector mientras el resto permanece igual. Aun así, no existe ninguna norma que permita afirmar, solo mirando, que una reparación se hizo con intención de ocultar, porque eso requiere instrumentos. La respuesta razonable no es acusar, es preguntar qué se reparó y considerar una revisión.